[…] Yo, hombre ilustrado o inteligente, por ejemplo ―si es el caso―, soy estúpido de su estupidez; yo valiente, soy esclavo de su esclavitud; yo rico, tiemblo ante su miseria; yo privilegiado, palidezco ante su justicia. Yo, en fin, queriendo ser libre, no puedo serlo, porque alrededor mío todos los hombres no quieren aún ser libres, y al no quererlo pasan a ser instrumentos de opresión contra mí. ―M. Bakunin Cristales empañados. Al menos 5 pasos de largo, la ventana va de pared a pared. Si tomaran muestras del sudor seco, encontrarían que al menos 4 personas han hecho de mi habitación el mismo uso en mi presencia durante los últimos dos meses, incluyendo hoy. Olvido bajo húmedas noches en desamor. Al nororiente, entre la espesa capa líquida, sólo noto la Torre Colpatria, un edificio envuelto por una luz artificial roja. Ese mismo color del carro que en toda la parte inferior de la vista temo ver. Probablemente, a narices de mi apartamento, en el asiento trasero al copiloto p...
Aunque te sangrara el rostro, me dirías que nada te golpeó. Aunque te faltaran los ojos, me dirías que nada te dejó ciega. No supe cómo tenerte, no bastó con todo lo que podía dar. No supe cómo alejarte, no bastó con un puñal en mi carne. Aunque te oliera a ceniza la boca, me dirías que nada fumaste. Aunque te temblara el cuerpo, me dirías que no tienes frío. Máxima traición pagada con máxima traición. En mis más profundos miedos, ahora yo en los tuyos. Aunque tú me amaras demasiado, me dirías que lo darías todo. Aunque te cansaras, me dirías que lo intentarías. Fue lo que más temí, a tus hirientes mentiras. Tengo lo que temes, la más pura y honesta verdad. Aunque tú volvieras una vez más, no sabría cómo alejarte de nuevo. Aunque me dijeras la verdad, ya nunca más podría creerte.